Ciencia y nutrición

10 mitos sobre los huevos que la ciencia ya ha desmontado

Del colesterol al color de la cáscara, revisamos diez creencias muy extendidas y explicamos qué dicen realmente los estudios y las autoridades alimentarias.

10 mitos

Una lectura de nueve minutos basada en evidencia y seguridad alimentaria.

Pocos alimentos han acumulado tantas opiniones contradictorias como el huevo. Durante años se ha presentado como un enemigo del corazón, un alimento que debía consumirse con miedo o un producto cuya calidad podía reconocerse mirando únicamente su color.

La realidad es más interesante. Algunos de esos mensajes son falsos y otros simplifican demasiado cuestiones que dependen de la alimentación completa, la salud de cada persona y la forma de conservar y cocinar los huevos.

1. Comer huevos dispara el colesterol de todo el mundo

El huevo contiene colesterol, pero ingerir colesterol no produce la misma respuesta en todas las personas. Los ensayos muestran que puede modificar los niveles de colesterol sanguíneo, aunque la magnitud varía y el patrón alimentario completo también importa.

Las recomendaciones actuales prestan especial atención a la cantidad de grasas saturadas de la dieta. Una persona sana puede integrar huevos dentro de una alimentación equilibrada. Quienes tengan colesterol LDL elevado, diabetes, enfermedad cardiovascular u otra condición médica deben seguir las indicaciones de su profesional sanitario.

2. Un huevo al día provoca inevitablemente una enfermedad cardiovascular

La mayoría de los estudios observacionales agrupados no ha encontrado una asociación significativa y consistente entre un consumo moderado de huevos y la enfermedad coronaria o el ictus en la población general.

Esto no significa que exista una cantidad ilimitada recomendable para todo el mundo. El riesgo cardiovascular depende del conjunto de la dieta, la actividad física, el tabaco, la presión arterial, la genética y otras condiciones de salud.

La pregunta útil no es si un alimento aislado es bueno o malo, sino qué lugar ocupa dentro de la alimentación habitual.

3. Los huevos morenos son más nutritivos que los blancos

El color de la cáscara depende principalmente de la raza de la gallina. Un huevo blanco y uno moreno pueden tener una composición nutricional muy similar.

Las diferencias de precio suelen estar relacionadas con el sistema de producción, el tamaño, la alimentación, los costes de la granja o la estrategia comercial, no con una superioridad automática de la cáscara morena.

4. Una yema muy naranja siempre indica mejor calidad

El color de la yema está muy influido por los pigmentos presentes en la alimentación de la gallina. Ingredientes ricos en carotenoides pueden producir tonalidades amarillas o anaranjadas más intensas.

El aspecto puede resultar más apetecible, pero el color por sí solo no demuestra que el huevo sea más fresco, más seguro, ecológico o nutricionalmente superior.

5. El huevo crudo aporta más proteína aprovechable

Cocinar el huevo no impide aprovechar su proteína. Un estudio realizado en humanos encontró una digestibilidad aproximada del 90,9 % para la proteína del huevo cocinado, frente al 51,3 % para la del huevo crudo.

Además, los huevos crudos o poco cocinados pueden presentar riesgo de Salmonella. Para recetas que se consuman sin una cocción suficiente, la opción prudente es emplear huevo u ovoproductos pasteurizados.

6. Una mancha de sangre significa que el huevo está fecundado

Las pequeñas manchas de sangre suelen producirse por la rotura de un vaso sanguíneo durante la ovulación. No son un embrión ni demuestran que el huevo esté fecundado.

Una pequeña mancha no convierte automáticamente el huevo en inseguro. Puede retirarse antes de cocinar si su aspecto resulta desagradable.

7. Si un huevo flota, está necesariamente podrido

Con el paso del tiempo, la cámara de aire del interior aumenta y puede hacer que el huevo flote. La prueba del agua informa sobre su envejecimiento y pérdida de calidad, pero no confirma por sí sola que esté estropeado.

Si existe alguna duda, conviene romper el huevo en un recipiente separado. Un olor desagradable o una apariencia claramente anormal son señales más útiles para descartarlo.

8. Hay que lavar los huevos antes de guardarlos

En España y en la Unión Europea, los huevos de categoría A se comercializan sin lavar. La cáscara y su cutícula forman una barrera natural que puede dañarse con una limpieza inadecuada.

No se recomienda lavar los huevos para almacenarlos. Si uno está muy sucio y se decide lavarlo, debe hacerse inmediatamente antes de utilizarlo, evitando que el agua y la suciedad contaminen el interior o las superficies de la cocina.

9. Una gallina necesita un gallo para poner huevos

Las gallinas ponen huevos como parte de su ciclo reproductivo aunque no convivan con un gallo. La presencia del gallo solo es necesaria para que el huevo pueda ser fecundado.

Por eso, la inmensa mayoría de los huevos destinados al consumo no contienen un embrión y no podrían producir un pollito.

10. Los huevos con dos yemas son peligrosos

Un huevo de dos yemas aparece cuando la gallina libera dos yemas con muy poca diferencia de tiempo y ambas quedan encerradas dentro de la misma cáscara.

Son más frecuentes al inicio de la etapa de puesta y no presentan por ese motivo un riesgo alimentario especial. Deben conservarse y cocinarse con las mismas precauciones que cualquier otro huevo.

El aspecto exterior ofrece algunas pistas, pero no sustituye una buena conservación, una manipulación higiénica y una cocción apropiada.

Qué conviene recordar

  • El color de la cáscara no determina el valor nutricional.
  • Una yema más naranja refleja principalmente la alimentación de la gallina.
  • El huevo cocinado ofrece una proteína muy aprovechable.
  • Los huevos crudos requieren mayores precauciones de seguridad alimentaria.
  • El consumo debe valorarse dentro del conjunto de la dieta.
  • Las recomendaciones pueden cambiar cuando existen condiciones médicas concretas.

Fuentes principales

Este artículo ofrece información general y no sustituye el consejo personalizado de un profesional sanitario.

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